Tranquila mamá, nunca te olvidaré…

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Hace unos días me preguntaste ¿por qué los hijos se olvidan de sus padres cuando están grandes? Recuerdo que no supe que responderte en ese momento, con una pequeña sonrisa fingida te dije que no iba a pasar eso contigo porque hiciste un buen trabajo con tus hijos y ellos te lo recompensaran, pero creo que te volví a mentir.
Estuve pensando demasiado en tu pregunta, quise descifrar porque los seres humanos podemos olvidarnos y abandonar a esos seres que se han entregado a nosotros en cuerpo y alma, pero no he encontrado respuesta. Quise justificarlos, probablemente el trabajo los absorba y los deje tan cansados que prefieren dormir en lugar de ir a visitarlos o hablarles por teléfono.
Pensé que nuestros hijos nos roban el aliento cada día, estamos corriendo tras ellos para que hagan los labores correspondientes, que cuiden su higiene o que arreglen su recámara, nos preocupamos en trabajar las horas que sean necesarias para conseguir el dinero y comprarles algo para recompensar el buen trabajo de hijo que han desempeñado, nos preocupamos tanto en su educación que olvidamos enseñarles el valor de ser agradecidos y visitar a sus abuelos, porque son seres que los aman y nada les haría más feliz que ver como su familia no los han olvidado.
Te vi sentado en el sofá, tenías la mirada vacía, parecía que alguien te había robado la felicidad sería muy tonto preguntar quiénes son los responsables, porque la respuesta es muy obvia. Quise hacerte sonreír y te pedí que me contarás las travesuras que hacíamos mis hermanos y yo, me sorprendió la emoción con la que nos recuerdas, comenzaste a platicar sobre nuestros juegos de niños, cuando nos caímos y tuviste que curarnos tratimagesando de hacernos sentir mejor con un tierno y dulce beso en la herida. Me dijiste que fue muy difícil velar nuestros sueños cuando caíamos en cama, tratabas de ser fuerte y no llorar frente a nosotros. Los celos que sentiste en nuestras primeras citas, las ganas que tenías de matar a la persona que nos rompía el corazón. La emoción y felicidad que sentiste cuando te dijimos que ibas a ser abuela, recuerdo que no podías creerlo y lloraste de alegría por la gran noticia, cuando terminaste de recordar tu vista se empezó a nublar, te levantaste y preferiste irte a tu cuarto para no incomodar ni arruinar el momento.
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Tomé tu álbum de fotos, en cada retrato podía ver a la gran mujer que me crió, cada foto tenía parte de tu vida, conservaba tu esencia, encontré el tesoro más valioso del mundo, estabas tú en cada página, estaba tu vida y dedicación.
Tu pregunta no dejaba de dar de vueltas en mi cabeza, no podía entender porque olvidamos lo que más amamos, probablemente sea la sociedad en la que estamos, que nos hace ver a las personas de la tercera edad como un estorbo y no como un tesoro, preferimos estar con amigos que pasar un día en casa de los abuelos escuchando sus magníficas experiencias, elegimos estar pegados a un aparato electrónico o conviviendo con nuestros amigos en alguna fiesta, pero no nos damos cuenta que el verdadero amor está en las personas que hacemos a un lado.
Entonces llegué a la conclusión de que olvidamos a las personas que nos importan por seguir un absurdo estereotipo, no sé como explicarte esto, no quiero romper más tu corazón ni mucho menos sé como decirles a mis hermanos que vayan a verte, que te llamen, porque ni de mí se acuerdan, hicieron una vida y no nos incluyeron en sus planes, pero tranquila mamá, yo estaré para ti siempre, nunca te olvidaré.
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